Kill Boy

Kill Boy va al grano: esto es una peli que te agarra por la pechera y te dice "hoy vienes a ver ultraviolencia con estética de cómic chungo y no voy a pedir perdón".
El protagonista es Boy, un justiciero sordomudo que reparte muerte como si fuese un deporte olímpico. Y lo curioso es que, pese a lo salvaje que es lo que hace, él mantiene una especie de inocencia rara, como de niño roto metido en el cuerpo de un adulto que solo sabe avanzar a base de golpes.
Su origen es puro trauma distópico: crece aislado en las montañas, entrenado por un maestro guerrero que lo prepara para sobrevivir y para vengarse. El mundo, mientras tanto, está gobernado por un régimen totalitario que se entretiene con un evento anual televisado donde "mantienen el orden" montando una carnicería pública. En ese show, Boy presencia la muerte de su hermana pequeña. Y ahí se enciende el modo: venganza sin frenos. Encima, la hermana le aparece después como visión/compañera imaginaria, lo que le da al relato un puntito triste y delirante a la vez.
Lo que hace Kill Boy es mezclar ingredientes muy reconocibles (distopía, videojuegos, cómic, reality sangriento, acción coreografiada al milímetro) y subirlos a un nivel de intensidad casi ridículo. La peli no "tiene" acción: ES acción. Cortes, golpes, persecuciones y combates que parecen diseñados para que la cámara se enamore de cada movimiento. Aquí el cuerpo del prota es un arma: no pelea, desmonta gente.
Pero ojo, que no es solo "mira qué burrada". La peli también construye un mundo con vibra de dibujos animados fascistas, una especie de pesadilla pop, tóxica, exagerada y sucia. La violencia está puesta como medida de lo difícil que es tumbar a "su" mal, no como algo elegante o glamuroso. Es fea, bestia y a ratos hasta incómoda… aunque la peli se lo pasa tan bien que tú también acabas dentro del viaje.
Hay un detalle curioso: como Boy no puede hablar, la película le da una voz en off interior que comenta lo que pasa con tono de "héroe de acción" pasado de rosca. Es un truco, sí, pero le da personalidad y refuerza esa sensación de novela gráfica: el personaje va procesando el mundo a su manera, con una mezcla de ingenuidad y rabia.
En la cima del régimen no hay un villano frío y solemne: hay una familia de poder totalmente disfuncional, de esas que se odian entre ellas mientras gobiernan el infierno. La peli se recrea en lo barrocos que son, en lo teatrales, en lo grotesco del circo mediático que montan. Y cuando llega el gran evento televisado, se convierte en una set-piece de espectáculo enfermo: luces, propaganda y sangre como si fuera un anuncio navideño dirigido por un sociópata.
Hacia el final mete un par de giros para no quedarse solo en "misión: matar jefes", y eso ayuda a que la historia no sea un pasillo recto. El clímax, además, va a lo físico: pelea final dura, coreografiada con mala leche y con esa sensación de "no hay aire en la sala".
¿El balance? Kill Boy es una fantasía de venganza hiperestilizada y pasada de vueltas, con un protagonista raro de querer y un universo que mezcla humor negro, trauma y violencia de dibujo animado para adultos. No es sutil, no es fina, y desde luego no es para sensibles… pero si entras en su juego, tiene un magnetismo muy bestia: el tipo de peli que te deja pensando "qué narices acabo de ver" mientras te suben las pulsaciones.
