El Hijo de la pirámide

SINOPSIS

Año 2.600 a. C. Bajo el sol inclemente y el polvo de la llanura egipcia se encuentra el monumento más majestuoso y misterioso jamás construido por el ser humano: la Gran Pirámide de Guiza.

Inkaf es un joven cantero destinado a convertirse en el arquitecto de la enorme tumba. Mientras el faraón Keops asciende al poder, Inkaf nos conduce por los pasadizos ocultos de la pirámide y sus secretos, revelándonos cómo el hombre puede acercarse a la divinidad al construir algo eterno.

OPINIÓN

El hijo de la pirámide es una ventana abierta al Antiguo Egipto, una invitación a descubrir un mundo donde los hombres pueden dar más miedo que los propios dioses.

La novela no está estructurada en capítulos, como suele ser habitual, y esta decisión propicia que el lector se sienta como un mero espectador del paso del tiempo en este periodo de la antigüedad. Tras describir una escena de Inkaf en el año 2.600 a.C., el autor retrocede hasta el momento de su nacimiento para contarnos su historia. Esta se narra de forma cronológica salvo por algunas excepciones, a veces para dar contexto y otras para mantener el suspense. La trama principal se desarrolla de forma lenta mientras también conocemos las vicisitudes de una gran variedad de personajes y los detalles más anodinos del día a día en el Antiguo Egipto.

En el libro aparecen dos personajes antagónicos unidos por un elemento común: la Gran Pirámide de Guiza. Por un lado, tenemos a Khufu (o Keops para los griegos), el faraón que la mandó edificar. Caracterizado por su gran megalomanía, no dudó en condicionar la vida de todo un pueblo para servir únicamente a su gran obra, la que le permitiría convertirse en un verdadero dios y perdurar durante milenios. Sin embargo, otro nombre, el de Inkaf, quedaría también ligado a este monumento, no en vano todos le conocían como el "hijo de la pirámide". Este picapedrero representa todo lo contrario a Khufu, pues su bondad y su respeto por el maat (principio de orden y justicia) no flaquean ni en sus momentos más difíciles.

Lo que más destacaría de la novela es la representación tan completa que hace del Antiguo Egipto. Creencias, costumbres, ciencias como la arquitectura o la medicina, cuestiones sobre la organización de las ciudades o los procedimientos de los juicios. Todo ello queda entretejido con la trama principal de forma amena y bien explicada, favoreciendo así que hasta aquellos lectores poco asiduos a la novela histórica puedan disfrutar de esta ventana al pasado.


Por Alejandra Oliva.

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