Der Tiger (El tanque)

Una peli antibelicista contada desde el punto de vista de soldados nazis es caminar por un cable de acero encima de un volcán: si te equivocas medio paso, te sale propaganda; si lo haces bien, te sale un retrato incómodo de cómo funciona la maquinaria humana del horror. Der Tiger se mete justo en ese fregao con una propuesta arriesgada: seguir a una tripulación de un tanque Tiger en plena Segunda Guerra Mundial… sin venderlos como "pobres incomprendidos", pero tampoco convirtiéndolo en un cómic de villanos.
La historia arranca con la tripulación atrincherada en un puente, intercambiando fuego con los soviéticos meses después de Stalingrado. Hay caos, explosiones y retirada a la desesperada, con ese sabor a "aquí no hay épica, hay supervivencia y pánico". Tras escapar y recomponerse como pueden, el protagonista recibe una orden de arriba: adentrarse en tierra de nadie para localizar a un oficial desaparecido en un búnker y traerlo de vuelta. Poco descanso, cero garantías y un viaje que huele a trampa desde el minuto uno. Porque, a medida que avanzan, empiezan a pasar cosas raras… y el grupo se pregunta si de verdad les han contado la misión completa.
Lo que mejor hace la peli es presentar a la tripulación como un pequeño microcosmos: el novato que tiembla, el más "cerebral", el directo que suelta verdades incómodas, el reservado con capas. No necesitas una enciclopedia de nombres ni mil subtramas: con diálogos sólidos y escenas bien medidas, cada uno queda definido rápido y entiendes cómo chocan entre ellos. Y ese choque es clave, porque el conflicto gordo no es solo el enemigo externo: es el desgaste mental, el miedo constante y la sensación de estar atrapados en una orden que quizá no tiene sentido… o peor: que lo tiene, pero es monstruosa.
El Tiger, además, no es solo "vehículo de guerra"; es una cárcel con motor. A ratos les salva la vida y a ratos se la complica. Hay obstáculos donde el tanque es un lastre, pero sin él están vendidos. Y esa contradicción crea tensión buena: el metal como salvación y condena, literalmente. En varias secuencias la peli juega muy bien con esa sensación claustrofóbica, como si el peligro no estuviera "ahí fuera", sino apretándote el pecho desde dentro.
Ahora, no todo es miel. La puesta en escena tira por un ritmo deliberado, casi metódico, y a veces se pasa de frenada: tramos largos de viaje, repeticiones estructurales (punto del mapa, problema, punto del mapa, problema) y flashbacks que insinúan un pasado entre dos personajes pero que tardan en cuajar. Cuando te engancha, funciona; cuando no, parece que el Tiger avanza… pero la peli patina un poquito en el mismo barro emocional.
Por suerte, la química del grupo levanta lo que podría ser una travesía pesada. Entre camaradería forzada y tensión creciente, la peli saca conversaciones interesantes sobre cómo se justifican los soldados dentro de un régimen criminal: no como "ay pobrecitos", sino como personas que se agarran a excusas, obediencia, rutina o fe ciega para no mirar de frente lo que están sosteniendo con sus manos.
¿Y el mensaje antibelicista? Está, pero no va con pancarta desde el minuto uno. La película pasa buena parte del metraje mostrando a esta tripulación como gente agotada, rota por la guerra, empujada a cumplir órdenes. Pero en la segunda mitad aprieta más el tornillo: te recuerda que el horror no fue un accidente, y que seguir órdenes también es una elección cuando estás sosteniendo un sistema de brutalidad. Ahí la peli se pone más clara en su postura: humaniza sin absolver, y eso es justo lo que necesitas para que el relato no se convierta en blanqueo.
El problema es que el cierre se queda un pelín… meh. Hay un giro o revelación final que, si vas atento, lo ves venir desde lejos. Encaja con el tema, sí, pero llega de forma algo anticlimática, como si la película hubiese guardado demasiadas cartas para los últimos 30 minutos. Da la sensación de que parte de esa verdad debería haberse ido filtrando antes, para que el final pegase más fuerte y no sonase a "vale, pues ya estaría".
Con todo, Der Tiger sale bastante airosa del desafío: es una peli de guerra que no glorifica el régimen nazi ni lo pinta como malentendido, y eso es importante. Tiene momentos muy tensos, buenas dinámicas de grupo y una atmósfera opresiva que te deja con la garganta seca. Le faltó rematar mejor el tramo final, pero como propuesta antibelicista incómoda —de las que te obligan a mirar la guerra sin filtros épicos— funciona. Y eso, en este tipo de historias, ya es mucho decir.
