Apocalipsis Z: El principio del fin

Apocalipsis Z: El principio del fin es la nueva apuesta española dentro del cine de zombis, y lo cierto es que propone un arranque bastante potente para un mundo que se desmorona delante de nuestros ojos. La película, basada en la novela de Manel Loureiro, construye un escenario inquietante y muy reconocible, jugando además con esa sensación incómoda de ver cómo todo se va al garete paso a paso. Y sí, su final deja la puerta completamente abierta a continuar la historia, algo que, viendo el material original, tendría bastante sentido.

La cinta nos sitúa en pleno inicio del colapso. Al principio no estamos todavía en la locura absoluta, sino en una especie de calma rara, donde los personajes siguen viviendo con una normalidad ya marcada por el dolor, el miedo y sus propios traumas. Poco a poco empieza a extenderse una enfermedad extraña, parecida a la rabia, que no tarda en expandirse por todo el mundo. Y claro, en cuanto empieza a sonar eso de contagios globales, cuarentenas y supermercados arrasados, es imposible no acordarse de ciertas cosas que todos hemos vivido hace no tanto. La diferencia es que aquí no hay mucho margen: los infectados se transforman en criaturas brutalmente agresivas en cuestión de minutos.

El protagonista, Javier, interpretado por Francisco Ortiz, lleva ya bastante tiempo atrapado en su propio apocalipsis personal. Desde la muerte de su mujer en un accidente, vive aislado, deprimido y completamente desconectado de su familia. Su único compañero es Lúculo, su gato, que se convierte además en uno de esos pequeños elementos emocionales que ayudan a humanizar la historia. Y sí, para tranquilidad del personal: el gato tiene presencia importante durante buena parte de la película, algo que inevitablemente recuerda a otros títulos recientes del género.

Pero si algo deja claro Apocalipsis Z: El principio del fin es una de las grandes verdades del cine y las series de zombis: los muertos vivientes dan miedo, sí, pero los humanos suelen ser bastante peores. De un zombi sabes lo que esperar. De una persona, no siempre. Esa idea se convierte en una de las claves de la película, que juega constantemente con la desconfianza, con la duda de quién merece ayuda y de quién conviene alejarse cuanto antes.

Además, los zombis aquí no son precisamente lentos ni torpes. Todo lo contrario: son rápidos, violentos y muy bestias, más en la línea de Guerra Mundial Z, Train to Busan o 28 días después que del zombi clásico que va arrastrando los pies como si acabara de salir de una resaca medieval. Y eso siempre suma tensión. Mucha.

Detrás de la película está Carles Torrens, director de títulos como Pet o Feria: La luz más oscura, mientras que el guion corre a cargo de Ángel Agudo, adaptando la exitosa novela de Manel Loureiro. Y aquí está uno de los puntos más interesantes: esto no es una historia cerrada, sino el primer capítulo de una trilogía literaria. Si la película funciona bien, todavía quedarían por adaptar Los días oscuros y La ira de los justos, así que hay saga para rato.

Es verdad que el metraje, con 1 hora y 52 minutos, puede sentirse algo largo en algunos tramos, pero no hasta el punto de perder el interés. La película consigue mantener viva la tensión y, sobre todo, deja con ganas de seguir explorando este universo. Y eso, dentro de un inicio de saga, es bastante importante. En resumen: Apocalipsis Z: El principio del fin funciona como una propuesta sólida dentro del terror zombi patrio, con una atmósfera reconocible, infectados salvajes y una base lo bastante interesante como para querer ver qué viene después.